EL CIELO
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Cada sociedad en el Cielo refleja a un sólo hombre
68. Cada
sociedad del cielo representa igualmente un solo hombre y también
tiene la semejanza de un hombre; esto me ha sido permitido ver
varias veces. Hubo una sociedad en la cual se habían introducido
varios que sabían revestir apariencia de ángeles de luz; eran
hipócritas. Al ser separados estos de los ángeles, vi que la
sociedad entera al principio parecía una masa oscura, luego
gradualmente la vi en forma humana, igualmente oscura, pero
finalmente en luz como un hombre. Los que pertenecían a este hombre
y le componían eran los que se hallaban en el bien de aquella
sociedad; los otros que no pertenecían al hombre y que no le
componían eran los hipócritas: estos fueron rechazados, aquellos
guardados, verificándose así una separación. Los hipócritas son los
que hablan el bien y también obran el bien, pero miran hacia sí
mismos en cada mínimo detalle. Hablan como los ángeles sobre asuntos
del Señor, del cielo, del amor, de la vida celestial, y también
obran el bien a fin de parecer ser tales como hablan; pero piensan
de otra manera, nada creen, ni quieren el bien a no ser para ellos
mismos. Si hacen el bien es por interés propio, si es en interés de
otros es a fin de ser observados, por consiguiente igualmente en
interés propio.
69. Que una
sociedad entera de ángeles, al aparecer el Señor, se presenta como una
sola forma humana, también me ha sido permitido ver. En la altura hacia
el oriente apareció descendiendo una cosa como una nube de
resplandeciente blancura tornándose en arrebol, circundada por estrellas
pequeñas, y a medida que descendía iba aumentándose su resplandor, hasta
que por último se presentó en una perfecta forma humana: las estrellas
que circundaban a la nube eran ángeles, quienes así aparecían a causa de
la luz que procedía del Señor.
70. Hay que saber
que por más que los que forman una sociedad del cielo, al estar juntos,
presentan la semejanza de un hombre, una sociedad no es sin embargo
idéntico hombre a otra sociedad, se distinguen entre sí como los rostros
humanos de una misma estirpe, siendo, la causa la que antes (n. 47) se
ha indicado; es decir, que se distinguen según las variedades del bien
en el cual están, y el cual les forma; en sumamente perfecta y hermosa
forma aparecen las sociedades que están en el íntimo o supremo cielo, y
allí en el medio.
71. Digno de
mencionarse es que cuanto más numerosos son los miembros de una sociedad
del cielo, y cuanto más obran como uno, tanto más perfecta es su forma,
porque las variedades dispuestas en forma celestial hacen la perfección,
como antes (n.56) se ha manifestado, y variedades hay donde hay
pluralidad. Todas las sociedades del cielo aumentan también diariamente,
y conforme van aumentando, se hacen más perfectas. De esta manera se
perfeccionan no tan sólo las sociedades sino también el cielo en
general, puesto que las sociedades constituyen el cielo. Siendo así que
el cielo se perfecciona por una creciente multitud, es evidente cuanto
se equivocan los que creen que el cielo se habrá de cerrar a causa de
plenitud, siendo por el contrarío así que nunca ha de cerrarse, y que
una abundancia mayor y mayor le perfecciona. Por lo cual los ángeles no
tienen mayor deseo que el que lleguen nuevos huéspedes.
72. La razón por
la cual toda sociedad tiene la figura de un hombre cuando en conjunto
aparece como un solo efigie, es que todo el cielo tiene esta figura,
como se puede ver en el precedente artículo; y en la perfecta forma, tal
como es la forma del cielo, hay semejanza entre las partes y la
totalidad, y entre lo menor y lo mayor; las cosas menores y partes del
cielo son las sociedades de las cuales se compone, las cuales también
son cielo en menor forma, según se puede ver arriba (n. 51-58). La causa
de que existe tal perpetua semejanza es que en los cielos .todas las
variedades del bien vienen de un mismo amor, es decir, de un solo
origen. Este único amor, del cual originan todas las variedades del bien
allí, es el amor al Señor procedente del Señor. Es por esta causa que
todo el cielo es semejanza Suya en general, cada sociedad en menor forma
y cada ángel en particular. Véase también lo que se ha dicho arriba (n.
58) sobre este particular.
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